Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
viernes 24 de mayo de 2019

El calavera no chilla. Vive

27/04/19 |

Por Jorge Jurado

(Colaboración)

Estimados lectores, esta semana recordaremos a otro personaje de nuestra ciudad. Nos referimos a don Vital Orué conocido popularmente como “Calavera”. Mucho se ha escrito sobre el y sobre su vida. Autores como Gustavo Rivas, Enrique Piaggio, Tatú Harispe, Poyoca Raffo, Pebete Daneri y otros nos han brindado aspectos memorables de la misma y también otros escritores y músicos se han inspirado en su persona como Martin Aldeano, conocido folklorista de nuestro medio que posee temas los cuales recuerdan al querido Calavera Orué.

Este recordatorio es otro más pero tiene la particularidad que ha sido escrito de la nutriente de su familia, sus hijos y nietos, quienes a pesar del tiempo transcurrido el amor hacía él sigue presente e inamovible como si no hubiera transcurrido, como los días y las noches se hubieran detenido por obra y gracia del Señor.

Don Vital, que engrosa la lista de los recordados personales que El Censor trae de los tiempos viejos de nuestro querido Gualeguaychú, nació el 28 de abril de 1900, en el distrito San Antonio, en ese entonces perteneciente al Departamento de Tala. Sus padres fueron don Severo Filapiano Orué y doña Isabel Echazarreta.

Su esposa, doña Hortensia García Reynoso nació en esta ciudad. Se casaron el 28 de marzo de 1930 en Gualeguaychú. Tuvieron ocho hijos: Hortensia María Isabel (Nené);Catalina Blanca Dora(Cata); María Dolores(Lola);Ana Myriam(Baby); Raimundo Filapiano (Tito); Gloria María Luisa (Betuchi); Hipólito Marcelo(Polo) y Mirta Susana (Pirucha). Lamentablemente los cinco primeros fallecieron. Hay muchos nietos y bisnietos que don Vital y doña Hortensia heredaron en esta vida y quien esto escribe tiene el honor de contar con la amistad entrañable del querido Polo.

Los estudios primarios de don Vital los hizo en esta ciudad, mientras que los secundarios los hizo en la ciudad de Concepción del Uruguay, aunque no pudo terminarlos porque debía trabajar. Había que parar la olla como vulgarmente se decía.

En 1930 se establece con una librería en calle Urquiza 870, entre Churruarín y Alberdi. En 1938 se cambia a 25 de Mayo y Montevideo con el mismo rubro, para luego transformarlo con el tiempo en una despensa. Posteriormente pasó a ser una confitería y caramelería, donde se vendían los bombones y caramelos más ricos y sabrosos del pueblo.

A principios de la década del 50, abre las puertas el legendario “Bar Central” en la misma ubicación, donde permanecería en forma ininterrumpida hasta el año 1973. Luego de ello, se traslada a la entonces calle Suipacha (hoy Pte. Perón), entre San Martin y 25 de Mayo. Finalmente cierra sus puertas en forma definitiva en el año 1974, donde la noche del 23 de diciembre de dicho año, don Vicente Araoz lo despide con un verso de su autoría, con música de Ávila y lo canta Marita Londra.

Un hermoso regalo de Navidad titulado “Vital Orué”, donde lo describe en forma fidedigna. Luego del cierre, queda en su casa de calle Rivadavia al 600, viviendo con su esposa, aunque ya no sale mucho a la calle porque añoraba entrañablemente su “Bar Central”.

De los clientes famosos que pasaron por sus puertas hubo muchos y de todas las generaciones, puesto que todos iban al “Central”, desde los más viejos a los más jóvenes de la época, formando así innumerables historias y anécdotas que se cuentan hasta el día de hoy en distintas familias de la ciudad. Era un amplio recinto con mesas y sillas de madera, donde los habitúes se juntaban a tomar algo, siendo también muy popular el hacerse sacar mesas a la calle sobre la 25 de Mayo o sobre Montevideo, donde las horas se estiraban considerablemente, incluso hasta despedidas de soltero se organizaron allí como la del doctor Tito Godoy.

Supo tener un socio en los primeros años, don Herbert Hanneke, de origen alemán, quien trabajaba con su familia, dos hijas mujeres y un varón, aunque luego emigraron a Buenos Aires, quedando únicamente la familia Orué a cargo de todo, por lo que había que “poner el lomo” al negocio, prestando la debida colaboración, tanto doña Hortensia y los hijos, siendo los que más estaban Cata, Baby y Polo, éste último quien siempre salía ganando, ya que era quien se iba cuando quería y a la hora que fuera. Le consta a quien esto escribe ya que con mi amigo del alma Polo Oruéramos compañeros de colegio y esa extensa y agotadora labor en el “Central” conspiraba con su rendimiento escolar o era la excusa perfecta.

La clientela de siempre, los más habituales, arrancaban a eso de las 11 de la mañana, como ser el Dr. Carlos Rossi, el farmacéutico Vassallo, el Dr. Otto Kunath, Isidoro Mayer, Sommers, Boelke, “Pebete” Daneri, Ángel Zabal. También “Pinuco” y “Tuta” Pereda, el petiso Elías, Luis y “Mango” Collado, Miguel Ángel Chacón -quien cantaba siempre hermosas canciones-, Antonio Machado, “Pacho” Irigoyen, “Pepe” Ramos, Alberto Grosjean, Luis Segovia entre varios más.

Un recuerdo de esa época era que “Pinuco” Pereda siempre llevaba al bar a figuras artísticas como Mario Bustos o Edmundo Rivero y otros más, y a orquestas que venían a tocar a los bailes de Carnaval en Independiente y luego, varios de ellos nos visitaban cuando volvían a Gualeguaychú. Siguiendo con el listado de clientes asiduos concurrentes al bar, estaban Rogelio Pérez, Venturino, el relojero Cáceres , Cacho Alarcón, “Chiquito” Tolosa, “Nene” Cruz, Mario Galli, “Licho” Secchi, “Palito” Merello, Miguel Campañá, el “Negro” Ferrando y “Piche” Elgue, “Guito” Guastavino, “Pato” Moreyra, “Petite”, quien era gerente del banco Nación, Ramón Quittet, “Chato” Luciano, Carlitos Cafferata, “Coco” Matta, “Guaro” y “Puma” Borrajo y “Babato” Ideartegaray.

También iban varios jugadores de Central Entrerriano como “Taco” Pedrazoli, “Minucho” Martinez, “Licho“ Quiroz, “Garza” Rossi, “Napoleón” Dumón, Alberto Zozaya, “Chocolate” Cepeda y gente del fútbol nocturno que se hacía en la cancha de la escuela Normal, Carlitos y Morad Dahuc, “Gallo” Vega, “Macho” Melo, Rodolfo Cafferata.

gente de todas las edades, amigos y compañeros de nuestra juventud como “Ministro” Poderti, los hermanos Ignacio, Pedro y Carlos Olaechea; ”Rana” Reynoso; “Nene” Esponda, ”Negro” Rivas, Alfredo Reynoso, Enrique Pérez Etchebarne, “Lalo” y “Beto” Echeverría, “Telo” Bidart, Ricardo Fazzio, Martín Garciarena, “Tito” Godoy, Damián Denardi, Víctor Romero, “Moro” Corvalán y un montón más. También llegaban para la hora del vermouth, “Pebete” Daneri, los Dres. Simón y Juan Labayen, Ramón Arigós, Samuel Villanueva, Enrique Gutiérrez, Julio y Rodolfo Irazusta y otros más.

También eran habitués los hermanos uruguayos que los traía Raúl Ghiglias (dueño de “Casa Sierra”), y entre ellos, venía el Dr. Aparicio Méndez que años más tarde sería Presidente del Uruguay. Si El Censor ha omitido algún viejo amigo del “Central” rogamos las disculpas correspondientes pues ha sido totalmente involuntario.

Siendo ya presidente del país vecino, en una oportunidad el Dr. Méndez concurrió a Gualeguaychú a una fiesta que se había organizado en el Club Recreo Argentino. En esa ocasión don Vital, a pesar de que ya no andaba muy bien de salud, concurrió a saludar a su amigo Aparicio, quien lo recibió con mucho cariño y alegría, ya que hacía bastante tiempo que no lo veía.

Dejó de hablar de los clientes y amigos porque le emocionaba mucho, pero este dichoso “Bar Central” dejó muchísimos recuerdos para toda la vida de don Vital como para toda la familia. Con algunos conocidos que gracias a Dios todavía viven, cuando se encuentran se ponen a recordar distintas anécdotas de esa época, pero sobre todo por como terminaban todas, ya que la gran mayoría terminaba con don Vital enojado, por lo que los clientes siempre se mataban de risa con las rabietas de Vital, empezando a las “puteadas” pero nunca le duraba mucho el enojo, según nos relatan sus hijas a este medio.

De las anécdotas que son muchas, siempre se recuerdan las más famosas, como ser las que describió Gustavo Rivas en su libro sobre Gualeguaychú o las recordara el diario El Argentino, cuando llegó un viajante de Concepción del Uruguay, asiduo concurrente cuando sus viajes lo traían a Gualeguaychú, de apellido Uncal y que pasaba a tomar una cerveza. Uno de esos tantos días, al servirle, don Vital no encontraba el destapador, ya que también era común que muchas veces se lo escondieran, por lo que la impaciencia dio lugar a la rabieta, comenzando con su conocido repertorio y ante tal reacción que sorprendió muchísimo al cliente, éste le termina diciendo “No se preocupe don Vital que me la tomo tapada”.

También quedó en el recuerdo la invitación que le hizo al entonces Jefe de Policía de la Provincia, don Antonio Irigoytía (otro de los convecinos recordados por El Censor), a comer un lechón en el Bar, y cuando fue a buscarlo a la heladera no estaba. Le habían sacado el lechón de la cena y nadie sabía que había pasado. Después se enteró que había sido “Ministro” Poderti el de la broma, al que “regaló” con la consabida catarata de insultos cuando apareció en el bar.

Entre otras de menos fama, quedaron en el tintero un par más, cuando concurrió al bar un personaje de renombre, del cual hoy no se recuerda el apellido, pero sorprendió cuando después de las copas y previo a retirarse, solicitó un café. Obviamente que había que complacer a la visita y aunque no era del todo normal que se solicitara café en el Bar Central, se hizo lo imposible por cumplir, consiguiendo el café y terminando la infusión colándolo a través de una media de nylon que tuvo que sacrificar la esposa de don Vital.

También quedó en el recuerdo otro de los personajes asiduos del Bar, el peluquero “Anyulin” Lossio, a quien la familia recuerda con mucho cariño. En una de las tantas ocasiones y cuando ya había cerrado su peluquería, uno de los concurrentes del bar le solicitó que le cortara el pelo, a lo que no se negó, terminando en la parte de atrás, con una manta improvisada, a prestar sus servicios. Fue entonces cuando llegó Vital y los encuentra meta tijera y demás está decir que puso el grito en el cielo, echándolos nuevamente para la parte de adelante, quedando el cliente con el corte inconcluso, al que hubo que remendar al otro día.

Hubo un montón de recuerdos que hicieron de esa época de las más lindas de la ciudad, llena de vivencias pasadas con gente muy linda, respetuosa y querida. Días como esos ya no se volverán a vivir. Gracias a Dios nos relata su hija, tuvo amigos, clientes que lo hacían rabiar pero a los cuales quería y que seguían yendo al bar como todos los días y aunque a veces a algunos los suspendía y no los dejaba entrar, todas las suspensiones se levantaban cuando había agasajos de amigos, despedidas o reuniones y ninguno, por más suspensión que hubiera, quedaba afuera.

Si bien cada vez quedamos menos de esa dichosa época, entre los cuentos y anécdotas de todos se podrían escribir tranquilamente un libro. Los clientes se transformaban en amigos, todos con sus dichas y problemas, y siempre que se podía se daba una mano y se resolvían. De ahí las conversaciones de Vital, dando consejos y hablando con la gente, poniéndose por demás serio cuando no lo escuchaban.

De ese tiempo la gran compañera y sostén fue doña Hortensia, quien lo acompañó mucho, brindándole apoyo como toda la familia, con quien volvía a la madrugada a dormir, pero al otro día, bien temprano, se levantaban para seguir trabajando y poner linda la casa por más que estuviera cansada, dejando siempre en claro que lo más importante era la familia.

Don Vital falleció el día 4 de enero de 1980, cuando le faltaban pocos meses para cumplir 80 años, dejando un recuerdo imborrable en la historia de esta ciudad.

El Censor agradece a la familia de don Vital,su inestimable ayuda para la elaboración de esta nota recordatoria.

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(*) El autor de este artículo es abogado, periodista, escritor de varios libros: “Poesías desde el alma”, “Don Pedro”, “Mi río, mis poesías, mis recuerdos”. Conductor del programa de radio “Tres por Semana “en la FM 91.3 de la Ciudad de Buenos Aires, columnista de LT41 de Gualeguaychú en el programa “La radio está en el aire “ y Director de El Censor Online, periódico que se publica todos los domingos en el grupo de Facebook denominado “ El Censor Online”.

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